¿Podrían los sensores de presión de los neumáticos convertirse en un problema para la privacidad?
![[Img #8511]](https://12voltios.net/upload/images/04_2026/3674_sensores.jpg)
La información de la presión en tiempo real permite deducir si un vehículo comercial o camión viaja cargado con mercancía pesada, abriendo la puerta a formas de vigilancia o seguimiento de flotas más avanzados
Cuando se habla de privacidad en el coche, lo habitual es desconfiar de las pantallas, del navegador integrado o de la conexión a internet. Sin embargo, una de las últimas vulnerabilidades detectadas en el sector del automóvil apunta a un elemento mucho más cotidiano e inesperado: los sensores de presión de los neumáticos. Este sistema, que se volvió obligatorio en muchos países a finales de los años 2000 por razones de seguridad, podría actuar como un discreto “informante” capaz de desvelar los desplazamientos diarios de los conductores.
Un estudio reciente realizado por el instituto madrileño IMDEA Networks ha sacado a la luz una realidad tan sorprendente como preocupante. A lo largo de diez semanas, los investigadores lograron recoger más de seis millones de mensajes emitidos por los neumáticos de más de 20.000 vehículos. Los resultados evidencian que los sistemas de monitorización de presión, conocidos como TPMS, transmiten información a la centralita del coche de forma inalámbrica, pero sin ningún tipo de cifrado.
El principal inconveniente es que cada sensor incorpora un identificador único e invariable. Esto permite que cualquier persona con un receptor de radio sencillo, que puede costar poco más de cien euros, sea capaz de captar la señal y reconocer un vehículo concreto cada vez que pasa por una zona determinada. A diferencia de los sistemas de vigilancia basados en cámaras, que necesitan visibilidad directa para leer matrículas, estas señales atraviesan obstáculos como paredes u otros coches con gran facilidad. En la práctica, se trata de una forma de seguimiento más económica, invisible y difícil de evitar que la videovigilancia convencional.
Actualmente no existe una normativa específica que obligue a blindar estos sensores, lo que los convierte en un blanco excesivamente fácil para la vigilancia pasiva
Las consecuencias de esta vulnerabilidad van mucho más allá de lo meramente técnico. Los expertos demostraron que es posible interceptar estas señales incluso con los vehículos en marcha y a distancias superiores a 50 metros, operando desde lugares ocultos o dentro de edificios. Al combinar los datos de los cuatro neumáticos de un mismo coche, se puede construir un perfil muy detallado de los hábitos del conductor: horarios de trabajo, domicilio o patrones de desplazamiento. Además, la información sobre la presión en tiempo real puede revelar si un camión o vehículo comercial transporta carga pesada, lo que abre nuevas posibilidades para la vigilancia o el seguimiento de flotas.
Este hallazgo supone una clara advertencia para fabricantes y legisladores. El sistema TPMS fue concebido para mejorar la seguridad, alertando de posibles pinchazos antes de que se produzcan accidentes. No obstante, en un contexto donde la conectividad es cada vez mayor, la ciberseguridad debe evolucionar al mismo ritmo. Actualmente, no existe una normativa específica que obligue a proteger estos sensores, lo que los convierte en un punto vulnerable frente a prácticas de vigilancia pasiva.
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La información de la presión en tiempo real permite deducir si un vehículo comercial o camión viaja cargado con mercancía pesada, abriendo la puerta a formas de vigilancia o seguimiento de flotas más avanzados
Cuando se habla de privacidad en el coche, lo habitual es desconfiar de las pantallas, del navegador integrado o de la conexión a internet. Sin embargo, una de las últimas vulnerabilidades detectadas en el sector del automóvil apunta a un elemento mucho más cotidiano e inesperado: los sensores de presión de los neumáticos. Este sistema, que se volvió obligatorio en muchos países a finales de los años 2000 por razones de seguridad, podría actuar como un discreto “informante” capaz de desvelar los desplazamientos diarios de los conductores.
Un estudio reciente realizado por el instituto madrileño IMDEA Networks ha sacado a la luz una realidad tan sorprendente como preocupante. A lo largo de diez semanas, los investigadores lograron recoger más de seis millones de mensajes emitidos por los neumáticos de más de 20.000 vehículos. Los resultados evidencian que los sistemas de monitorización de presión, conocidos como TPMS, transmiten información a la centralita del coche de forma inalámbrica, pero sin ningún tipo de cifrado.
El principal inconveniente es que cada sensor incorpora un identificador único e invariable. Esto permite que cualquier persona con un receptor de radio sencillo, que puede costar poco más de cien euros, sea capaz de captar la señal y reconocer un vehículo concreto cada vez que pasa por una zona determinada. A diferencia de los sistemas de vigilancia basados en cámaras, que necesitan visibilidad directa para leer matrículas, estas señales atraviesan obstáculos como paredes u otros coches con gran facilidad. En la práctica, se trata de una forma de seguimiento más económica, invisible y difícil de evitar que la videovigilancia convencional.
Actualmente no existe una normativa específica que obligue a blindar estos sensores, lo que los convierte en un blanco excesivamente fácil para la vigilancia pasiva
Las consecuencias de esta vulnerabilidad van mucho más allá de lo meramente técnico. Los expertos demostraron que es posible interceptar estas señales incluso con los vehículos en marcha y a distancias superiores a 50 metros, operando desde lugares ocultos o dentro de edificios. Al combinar los datos de los cuatro neumáticos de un mismo coche, se puede construir un perfil muy detallado de los hábitos del conductor: horarios de trabajo, domicilio o patrones de desplazamiento. Además, la información sobre la presión en tiempo real puede revelar si un camión o vehículo comercial transporta carga pesada, lo que abre nuevas posibilidades para la vigilancia o el seguimiento de flotas.
Este hallazgo supone una clara advertencia para fabricantes y legisladores. El sistema TPMS fue concebido para mejorar la seguridad, alertando de posibles pinchazos antes de que se produzcan accidentes. No obstante, en un contexto donde la conectividad es cada vez mayor, la ciberseguridad debe evolucionar al mismo ritmo. Actualmente, no existe una normativa específica que obligue a proteger estos sensores, lo que los convierte en un punto vulnerable frente a prácticas de vigilancia pasiva.














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